domingo, 29 de marzo de 2026


 


Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.

Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: «¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.

Entonces dijo Jesús: «Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán».

Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

Comentario

El pasaje nos presenta una escena profundamente simbólica y llena de significado espiritual.

Se trata de una comida en Betania, donde aparecen tres figuras muy cercanas a Jesús: María, Marta y Lázaro. Cada uno refleja una actitud distinta ante la presencia de Jesús:

María realiza un gesto sorprendente: unge los pies de Jesús con un perfume costoso y los seca con su cabello. Este acto expresa amor, entrega total y reconocimiento profundo de quién es Jesús.

Marta, como en otros pasajes, está sirviendo. Representa el servicio generoso y activo, necesario en la vida comunitaria.

Lázaro, sentado a la mesa con Jesús, es signo de vida nueva, pues ha sido resucitado. Su presencia es un testimonio vivo del poder de Jesús.

El contraste aparece con Judas, que critica el gesto de María bajo apariencia de preocupación por los pobres, pero en realidad revela una falta de comprensión y autenticidad.

El amor verdadero hacia Jesús se manifiesta sin cálculos ni reservas.

Hay diferentes formas de seguirle (servicio, contemplación, testimonio), todas valiosas.

Este pasaje nos deja una enseñanza clara: el verdadero encuentro con Jesús transforma la manera de amar. Nos invita a vivir un amor generoso, a servir con sencillez y a reconocer su presencia con un corazón abierto. Como el perfume de María, el amor auténtico no se queda oculto, sino que llena todo a su alrededor

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