El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad (TRINIDAD)
y de la misma naturaleza divina del Padre y del Hijo.
Cuando descubrimos la realidad de Dios en nosotros, entramos en contacto
con la acción del Espíritu Santo. Dios «envió a nuestros corazones el Espíritu
de su Hijo» (Gál 4,6), para que nos llene completamente. En el Espíritu Santo
el cristiano encuentra una alegría profunda, la paz interior y la libertad.
«Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor,
sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos:
¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15b). En el Espíritu Santo, que hemos recibido en el
Bautismo y la CONFIRMACIÓN podemos llamar
a Dios «Padre».

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