miércoles, 25 de marzo de 2026

Evangelio del 26 de Marzo 2026 Juan 8, 51-59

 



En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre».

Los judíos le dijeron: «Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: 'El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre'. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?»

Contestó Jesús: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: 'Es nuestro Dios', aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello».

Los judíos le replicaron: «No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?» Les respondió Jesús: «Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy».

Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

 

Comentario

 

Jesús declara que quien guarda su palabra no verá la muerte, lo cual no se refiere solo a la muerte física, sino a una vida que trasciende, una comunión con Dios que vence la muerte definitiva. Esta afirmación genera incomprensión y rechazo entre sus oyentes, que interpretan sus palabras de manera literal y se apoyan en la autoridad de Abraham.

El punto culminante llega cuando Jesús afirma: “Antes de que Abraham existiera, Yo Soy”. Con esta expresión, no solo habla de anterioridad temporal, sino que revela su identidad divina, utilizando el mismo nombre con el que Dios se manifestó en el Antiguo Testamento. Por eso, la reacción es tan violenta: consideran sus palabras como una blasfemia.

La fe no es solo escuchar, sino guardar la palabra de Jesús, hacerla vida.

Reconocer a Jesús implica aceptar su misterio divino, que muchas veces supera nuestra lógica.

En el fondo, el pasaje plantea una decisión: aceptar a Jesús como revelación de Dios o rechazarlo por no encajar en nuestras ideas.

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