Cuando se ha conocido a Dios hay que ponerlo en el primer lugar de la
vida. Con ello comienza una nueva vida. A los cristianos se les debe conocer porque
aman incluso a sus enemigos.
Conocer a Dios significa que quien me ha creado y me ha querido, quien
me mira con amor a cada segundo, quien bendice y sostiene mi vida, quien tiene
en su mano el mundo y las personas que amo, quien me espera ardientemente,
quien quiere llenarme y perfeccionarme y hacerme vivir eternamente con él, está
aquí. No basta con asentir con la cabeza. Los cristianos deben asumir el estilo
de vida de Jesús.

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