Dios revela su nombre porque quiere que se le pueda invocar.
Dios no quiere mantenerse en el anonimato. No quiere ser adorado como
un ser meramente sentido o intuido. Dios quiere ser conocido y ser invocado
como el verdadero y el que actúa. En la zarza ardiente, Dios da a conocer su
nombre a Moisés: JHWH (Éx 3,14). Dios se hace invocable para su pueblo, pero
continúa siendo el Dios escondido, el misterio presente. Por respeto a Dios el
pueblo de Israel no pronunciaba (ni pronuncia) el nombre de Dios y lo sustituye
por el apelativo Adonai (Señor). Justamente esta palabra es la que usa el NUEVO
TESTAMENTO, cuando glorifica a Jesús como verdadero Dios: «Jesús es Señor» (Rom
10,9).

No hay comentarios:
Publicar un comentario