sábado, 21 de marzo de 2020

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20200322



En esta cultura de las "noticias falsas" y del predominio de la emotividad y la credulidad, se nos complica aceptar o siquiera buscar la verdad. Damos por descontado que nosotros disponemos de la verdad completa. Cuando estas actitudes se entrometen en el ámbito religioso resultan más perjudiciales. La cerrazón que exhiben los dirigentes de Israel no ha desaparecido. Las circunstancias y los fanáticos son otros, pero seguimos observando situaciones de polarización y conflicto entre personas que defienden formas de entender la familia, las relaciones económicas, la educación de manera muy dispar. Los rasgos del fanatismo derivan de la superioridad moral. Los fariseos descalifican como hereje a Jesús por violentar el sábado y al ciego que pedía limosna, por descifrar la salvación de Dios con otros criterios. ¡Vaya ironía! Los ciegos alegamos disponer de vista y estamos queriendo abrir los ojos de quienes realmente ven.

sábado, 14 de marzo de 2020

DOMINGO III DE CUARESMA Ciclo A Domingo 15 de marzo 2020





LA APARENTE DISTANCIA

Ex 17,3-7; Rom 5,1-2.5-8; Jn 4, 5-42

Cuando el pueblo de Israel marcha por el desierto experimenta una serie de incertidumbres, no tienen pan ni agua. Pronto comienzan a perder la confianza en Dios. Protestan contra Moisés y expresan su desaliento, cuestionándose si efectivamente Dios seguía acompañándolos. Los seres humanos quisiéramos tener manifestaciones más evidentes de la presencia de Dios. Conviene recordar que Dios escapa a cualquiera de nuestras formas de captar la realidad. Es el totalmente otro. El Señor Jesús lo enseña así a la mujer samaritana. Dios se comunica con los suyos en espíritu y verdad. El encuentro de Jesús con la mujer de Samaria nos abre una alternativa: es necesario encontramos con Jesús, contemplar sus acciones, escucharlo con apertura, si queremos descubrir su presencia. A Dios no lo podemos descubrir solamente a través de mediaciones, es necesario vivir un encuentro directo y personal, como bien los descubrieron los vecinos de Samaria.


ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. 8a124, 15-16

Mis ojos están siempre fijos en el Señor, pues él libra mis pies de toda trampa. Mírame, Señor, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.


No se dice Gloria.


ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, fuente de misericordia y de toda bondad, que enseñaste que el remedio contra el pecado está en el ayuno, la oración y la limosna, mira con agrado nuestra humilde confesión, para que a quienes agobia la propia conciencia nos reconforte siempre tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo...


LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Tenemos sed: danos agua para beber.

Del libro del Éxodo: 17, 3-7

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?".
Moisés clamó al Señor y le dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen". Respondió el Señor a Moisés: "Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo".
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.


SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 94,1-2.6-7.8-9.
R/. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias. R/.

Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R/.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: "No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras". R/.


SEGUNDA LECTURA

Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 5, 1-2. 5-8

Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por él, podemos gloriamos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Jn 4, 42.15
R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Señor, tú eres el Salvador del mundo. Dame de tu agua viva para que no vuelva a tener sed. R/.


EVANGELIO

Un manantial capaz de dar la vida eterna.

Del santo Evangelio según san Juan: 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: "Dame de beber". (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: "¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva".
La mujer le respondió: "Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus sanados?". Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna".
La mujer le dijo: "Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla". Él le dijo: "Ve a llamar a tu marido y vuelve".
La mujer le contestó: "No tengo marido". Jesús le dijo: "Tienes razón en decir: 'No tengo marido'. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad".
La mujer le dijo: "Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén". Jesús le dijo: "Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo: "Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo". Jesús le dijo: "Soy yo, el que habla contigo".
En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: '¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?'. Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?". Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
Mientras tanto, sus discípulos le insistían: "Maestro, come". Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen". Los discípulos comentaban entre sí: "¿Le habrá traído alguien de comer?". Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: 'Uno es el que siembra y otro el que cosecha'. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto".
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: 'Me dijo todo lo que he hecho'. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el Salvador del mundo". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


PROFESIÓN DE FE

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
Amén.


PLEGARIA UNIVERSAL

Instruidos por el ejemplo de Jesús, el Señor, que en el desierto se entregaba a la oración, oremos también nosotros con insistencia a nuestro Dios: (R/. Escúchanos, Señor.)

Para que todos los fieles, por medio de las penitencias y prácticas cuaresmales, sean purificados de sus culpas y vean fortalecida su vida cristiana, roguemos al Señor.

Para que todos los pueblos alcancen la paz, la tranquilidad y el bienestar necesario y puedan así buscar más fácilmente los bienes del cielo, roguemos al Señor.

Para que el Señor conceda su fuerza a los que se ven tentados o se sienten turbados, infunda el deseo de la conversión a los pecadores y otorgue el consuelo del cielo a los que están tristes o abatidos, roguemos al Señor.

Para que infunda en todos nosotros el deseo de una verdadera conversión, a fin de que nos preparemos a celebrar debidamente el sacramento pascual de la penitencia, roguemos al Señor.

Señor nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de ofrecemos el agua viva de la gracia que brota de la roca, que es Cristo, el Salvador, escucha nuestras oraciones y concédenos el don del Espíritu, para que manifestemos con valentía nuestra fe y anunciemos con gozo a nuestros hermanos las maravillas de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por estas ofrendas, Señor, concédenos benigno el perdón de nuestras ofensas, y ayúdanos a perdonar a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.


PREFACIO DE LA SAMARITANA.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque él mismo, cuando pidió de beber a la samaritana, ya había infundido en ella el don de la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino. Por eso, Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza, cantando con los ángeles: Santo, Santo, Santo...


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 4,13-14

El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Alimentados en la tierra con el pan del cielo, prenda de eterna salvación, te suplicamos, Señor, que lleves a su plenitud en nuestra vida la gracia recibida en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

Dirige, Señor, los corazones de tus fieles y da en tu bondad a tus siervos una gracia tan grande que, cumpliendo en plenitud tus mandamientos, nos haga permanecer en tu amor y en el de nuestro prójimo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20200315

El Evangelio (Juan: 4, 5-42) nos presenta a una mujer de Samaria con un perfil interesante. Realiza a diario una rutina de pesados servicios domésticos como otras tantas mujeres de Israel. Esa rutina no la había orillado a perder su sensibilidad creyente. Conforme ella fue descubriendo a Jesús, captó su identidad; primero lo reconoció como profeta, luego lo confesó como Mesías y finalmente como el salvador del mundo. Los creyentes aprendimos a descubrir a Dios a través de la ayuda de nuestros padres. Cuando reflexionamos en el don de la fe, reconocemos que ese don nos fue participado por familiares, catequistas y amigos que nos compartieron el don que a su vez habían recibido. Efectivamente, la vida cristiana arranca a partir de un encuentro personal con Jesucristo. Quienes confesamos a Jesús, asumimos nuestro compromiso apostólico, participando a los demás de nuestra experiencia creyente.

El agua que yo daré brotará en él como un manantial de vida eterna




Del santo Evangelio según san Juan: 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: "Dame de beber". (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: "¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva".
La mujer le respondió: "Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus sanados?". Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna".
La mujer le dijo: "Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla". Él le dijo: "Ve a llamar a tu marido y vuelve".
La mujer le contestó: "No tengo marido". Jesús le dijo: "Tienes razón en decir: 'No tengo marido'. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad".
La mujer le dijo: "Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén". Jesús le dijo: "Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo: "Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo". Jesús le dijo: "Soy yo, el que habla contigo".
En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: '¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?'. Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?". Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
Mientras tanto, sus discípulos le insistían: "Maestro, come". Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen". Los discípulos comentaban entre sí: "¿Le habrá traído alguien de comer?". Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: 'Uno es el que siembra y otro el que cosecha'. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto".
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: 'Me dijo todo lo que he hecho'. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el Salvador del mundo". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Qué dice el texto

Este conocido pasaje del diálogo entre Jesús y la samaritana, tiene como todos los textos de Juan, mucha reflexión y mucho contenido. La Iglesia nos propone en esta Cuaresma tomarlo para prepararnos sinceramente de forma integral para celebrar la Pascua. Tomaremos sólo algunas ideas principales:
En el capítulo anterior, un fariseo, un hombre conocedor de la Ley, se acerca a Jesús, pero ahora es una mujer de un pueblo que por haber permitido que en sus lugares se levantaran altares a dioses extranjeros eran despreciados por los judíos. Los samaritanos y los judíos no se hablaban, de hecho la mujer se lo reprocha a Jesús.
Jesús rompe con esas barreras culturales, va en busca de las personas concretas, sin importar la raza, la religión, o el estado como están ellas. Le importa cada uno y su salvación. Le busca conversación, le pide que le dé de beber. Cosa que sorprende a esta mujer, porque no debería hablar con ella un judío. Pero Jesús dice la frase central y fundamental: ¡Si conocieras el don de Dios! Él se va presentando ante la mujer. Y le explica que tiene un agua nueva, un agua viva que llega hasta la vida eterna. La mujer obviamente ve que él no tiene cómo sacar agua. Pero va abriendo su corazón al diálogo. Y ahora ella le pide que le dé de esa agua.
Jesús, le dice que llame a su marido y como ella responde que no tiene marido, Jesús le cuenta su historia personal: cinco maridos has tenido y ahora el que tienes, no es tu marido. Es algo muy fuerte para ella, por eso desvía la atención inmediatamente, para no quedar más al descubierto. Y le pregunta sobre el lugar donde hay que adorar a Dios (¿Será en Jerusalén o será allí en el monte Garizím?). La habilidad de la mujer para desviar la conversación, da a Jesús una nueva respuesta importante:
“…los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque esos son los adoradores que busca el Padre. : Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad.” (Versículos 23 y 24).
Es aquí donde Jesús le dice con claridad que Él es el Mesías. Y llegando los apóstoles, ella fue al pueblo a contar lo ocurrido: éste que le ha dicho toda su vida ¿no será el Mesías? Jesús se vale de una mujer forastera para que vaya a anunciar que Jesús es el Señor, el Mesías esperado. La mujer se transforma de incrédula, en creyente dudosa, en creyente ferviente y luego en misionera.
Los apóstoles ruega a Jesús que coma, pero Jesús dice otra cosa fundamental: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y concluir su obra.” (Versículo 34). Al finalizar el texto, los del pueblo vienen, se encuentran con Jesús y creen en él. No son judíos, son samaritanos, pueblo que estaba peleado con los “oficialmente salvados israelitas”. Ahora creen porque han visto y escuchado a Jesús. Pero se necesitó el servicio invaluable de esta mujer samaritana.

sábado, 7 de marzo de 2020

Levántense, no tengan miedo




TEXTO BÍBLICO: Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: "Levántense y no teman".
Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


¿Qué dice el texto?

La Iglesia nos presenta para este segundo domingo de Cuaresma, el texto de la Transfiguración de Jesús.

Comienza diciendo “seis días después”, esto es cuando Pedro pronuncia su profesión de fe e Jesús, el Cristo, el Mesías, el Salvador. Pero también inmediatamente Jesús les había anunciado la Pasión. Ellos están ahora confundidos, no han entendido el porqué del sufrimiento.

Jesús en persona elige tres de ellos para llevarlos a un monte alto (recordemos que para Mateo, la montaña tiene un especial sentido, porque para el pueblo de Israel, las grandes manifestaciones de Dios se han dado en las montañas). En este monte, Jesús se transfiguró, es decir, su humanidad, se vio envuelta en la gloria de la Divinidad. Es como un anticipo pascual para estos tres discípulos. Es mostrarles claramente lo que sucedería luego de la Pasión.

Pero en este monte, también hay un recuerdo del cumplimiento de las Sagradas Escrituras. Aparecen junto a Jesús, Moisés y Elías: los dos representan la síntesis del Antiguo Testamento, es decir, la Ley y los profetas. Recordemos también que Moisés pasó seis días en el monte cuando se le apareció Dios.

Los tres discípulos están viviendo una experiencia “fuera de lo común”, están siendo partícipes de un adelanto de la Gloria, y es la confirmación que en Jesús se cumplen las Escrituras. Por lo tanto,  Jesús no invitará a un cambio de Religión, sino a dar cumplimiento al testamento ofrecido por el Padre.

Es cuando en este momento, Pedro se dirige a Jesús con el título mesiánico de “Señor” y le pide autorización para hacer tres tiendas (lo que evoca una fiesta judía). Pero de repente los cubre una nube luminosa, que indica la presencia de Dios. (La nube acompaña como signo también en el Antiguo Testamento a muchos pasajes).

Pero de esta nube sale una voz que vuelve a revelar, al igual que en el Bautismo de Jesús, que éste es su Hijo amado, su predilecto, y dice escúchenlo (escuchar en el pueblo de Antiguo Testamento no sólo es oír, también significa prestar suma atención y obedecer. El Shemá).

Para un judío que había escuchado los relatos antiguos, sabía que quien veía a Dios moría. Por eso comienzan a tener miedo. Pero sin embargo Jesús realiza tres verbos: Se acercó, los tocó y les dijo: NO TENGAN MIEDO. Es aquí cuando se incorporan, sólo ven a Jesús quien les pidió que no lo dijeran a nadie hasta que Él hubiera resucitado.

miércoles, 4 de marzo de 2020

DOMINGO II DE CUARESMA Ciclo A Domingo 8 de marzo 2020




SALIR DE LA PROPIA TIERRA
Gén 12,1-4; 2 Tim 1,8-10; Mt 17,1-9

El libro del Génesis nos presenta a Abrahán como un adulto mayor ocupado en el pastoreo de su rebaño. Él estaba acostumbrado a trasladarse de un sitio a otro detrás de su ganado. Una forma de vida menos atada a seguridades y apegos. Cuando el Señor le ordena marchar hacia lo desconocido, desligándose de sus seguridades, está asumiendo un aparente riesgo desmedido. Entre la confianza y el temor, Abrahán deja su tierra, guiado por la promesa divina, se decide a salir de Jarán y marcha hacia la tierra de Canaán. Por su parte, los pescadores de Galilea que vieron en Jesús la gloria de Dios también asumieron riesgos. En algún momento esos discípulos vivieron crisis y quisieron regresar a su oficio de pescadores, Jesús lo advirtió y por eso les adelantó una doble noticia: su muerte violenta en Jerusalén y su próxima glorificación ante el Padre.


ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 24, 6. 3. 22

Mi corazón me habla de ti diciendo: "Busca su rostro". Tu faz estoy buscando, Señor; no me escondas tu rostro.


No se dice Gloria.


ORACIÓN COLECTA

Señor, Dios, que nos mandaste escuchar a tu Hijo muy amado, dígnate alimentarnos íntimamente con tu palabra, para que, ya purificada nuestra mirada interior, nos alegremos en la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo...


LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Vocación de Abraham, padre del pueblo de Dios.

Del libro del Génesis: 12, 1-4

En aquellos días, dijo el Señor a Abram: "Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra". Abram partió, como se lo había ordenado el Señor. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.


SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 32,4-5.18-19.20 Y 22.
R/. Señor, ten misericordia de nosotros.

Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades. R/.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida. R/.

En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos confiado. R/.


SEGUNDA LECTURA

Dios nos llama y nos ilumina.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 1, 8-10

Querido hermano: Comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha salvado y nos ha llamado a que le consagremos nuestra vida, no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.
Este don, que Dios nos ha concedido por medio de Cristo Jesús desde toda la eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo Cristo Jesús, nuestro Salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad, por medio del Evangelio. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 17, 5
R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía: "Este es mi Hijo amado; escúchenlo". R/.


EVANGELIO

Su rostro se puso resplandeciente como el sol.

Del santo Evangelio según san Mateo: 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: "Levántense y no teman".
Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


PROFESIÓN DE FE

CREDO de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
Amén.


PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos, hermanos, al Padre de la misericordia, árbitro de nuestros actos y Dios que escudriña lo profundo de nuestros corazones, y, con espíritu contrito, pidámosle que escuche la oración de su pueblo penitente: (R/. Escúchanos, Señor.)

Para que Dios conceda a sus fieles vivir estos días de Cuaresma con verdadero espíritu de penitencia y prepararse a celebrar con fruto el sacramento del perdón, roguemos al Señor.

Para que quienes se han apartado del camino del bien y han muerto a causa del pecado escuchen en estos días de Cuaresma la voz del Hijo de Dios y vivan, roguemos al Señor.

Para que Dios inspire sentimientos de caridad a los que tienen riquezas y multiplique los bienes de la tierra en bien de todos, roguemos al Señor.

Para que la penitencia cuaresmal aleje de nosotros el amor desordenado a los bienes visibles y sane nuestra aridez espiritual con el deseo de los bienes del cielo, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que llamaste a la fe a nuestros padres de Israel, y a nosotros nos has concedido ser iluminados con la luz del Evangelio, escucha nuestras oraciones y abre nuestros oídos, para que, escuchando siempre la voz de tu Hijo y aceptando en nuestra vida el misterio de la cruz, podamos alcanzar la gloria de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te rogamos, Señor, que estos dones borren nuestros pecados y santifiquen el cuerpo y el alma de tus fieles, para celebrar dignamente las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.


PREFACIO

La transfiguración del Señor.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar; Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque él mismo, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección. Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 17, 5

Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Al recibir, Señor, este glorioso sacramento, queremos darte gracias de todo corazón porque así nos permites, desde este mundo, participar ya de los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

Bendice, Señor, a tus fieles con una bendición perpetua, y haz que de tal manera acojan el Evangelio de tu Hijo, que puedan debida y felizmente desear y alcanzar la gloria que El manifestó a los apóstoles. Por Jesucristo, nuestro Señor.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO 20200308



En las primeras páginas de la Biblia ya está retratado el drama de la migración. En la narrativa del Génesis encontramos a Adán, Caín, los habitantes de Babel, José, los hijos de Jacob y sobre todo, al patriarca Abrahán que salen de su tierra, porque experimentan el grito de la conciencia, la voz de alguna urgencia que los obliga a desarraigarse. Dios jamás se desatiende de su suerte. Se encarga de los hijos más débiles, apelando a nuestra solidaridad. La patria única es la Casa Común. En dicha casa no hay extranjeros. Quienes estamos llamados a ser personas transfiguradas somos los discípulos de Jesús. Diversas organizaciones y casas de atención a los migrantes son señal de esperanza en este mundo lleno de indiferencia y superficialidad.