lunes, 5 de enero de 2026

Evangelio del 6 de enero 2026 Marcos 6, 34-44

 



En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: "Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer". Él les replicó: "Denles ustedes de comer". Ellos le dijeron: "¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?" Él les preguntó: "¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver". Cuando lo averiguaron, le dijeron: "Cinco panes y dos pescados". Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaran en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados. Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.

 

Reflexión

 

Todo comienza con la mirada de Jesús. Al ver a la multitud, no ve un problema logístico o una carga, sino a personas que están como "ovejas sin pastor". Su primera respuesta no es darles comida física, sino "enseñarles muchas cosas". Esto nos recuerda que la verdadera caridad nace de la empatía y de reconocer la sed espiritual del otro antes que su necesidad material.

 

Cuando los discípulos sugieren despedir a la gente para que cada uno se arregle por su cuenta, Jesús los desafía: "Denles ustedes de comer". Es un llamado a la responsabilidad. Dios no suele hacer milagros de la nada; prefiere trabajar con lo poco que nosotros tenemos (en este caso, cinco panes y dos peces). El milagro ocurre cuando dejamos de calcular lo que nos falta y empezamos a compartir lo que tenemos.

 

El texto enfatiza que "todos comieron hasta saciarse" y que sobraron doce canastas. En las manos de Dios, el desierto se convierte en un banquete. Esta abundancia no es para el desperdicio, sino un símbolo de que la gracia de Dios siempre supera nuestras expectativas y necesidades.

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