«Habiendo oído Jesús que Juan había sido preso, se retiró a Galilea.
¿Por qué se retiró voluntariamente? Para enseñarnos que no nos pongamos por
nuestra propia cuenta en la tentación, sino más bien la evitemos y pasemos de
largo. No es cosa culpable el no arrojarse al peligro, sino el no proceder con
fortaleza cuando somos puestos en la tentación. Queriendo, pues, enseñarnos
esto, cedió un poco a la envidia de los judíos y se retiró a Cafarnaúm. Cumplía
al mismo tiempo con una profecía; y parecía apresurarse a coger en la pesca a
los futuros doctores del universo, pues allá vivían y allá ejercitaban su
trabajo de pescadores. Observa cómo, puesto que ha de ir a los gentiles, toma
siempre ocasión de los mismos judíos. En este caso, con andar poniendo asechanzas
al Precursor y con haberlo enrejado en la cárcel, lo obligan a retirarse a
Galilea de los gentiles. No hace mención de Judá ni nombra todas las tribus,
sino que designa el sitio con estas palabras: Tierra de Zabulón (...) El pueblo
que habita en las tinieblas vio una gran luz. No se refiere aquí a las
tinieblas sensibles sino al error y a la impiedad. Por esto añadió: Y para los
que habitan en la región de sombras mortales, una luz se levantó. Para que
entendieras que no hablaba ni de la luz ni de las sombras que perciben los
sentidos, al hablar de la luz no la llamó simplemente luz, sino luz grande: esa
luz que en otro sitio es llamada luz verdadera. Y al referirse a las tinieblas,
las llamó sombras de muerte. Luego, para declarar que los encontró cuando no lo
buscaban, sino que Dios desde las alturas se les apareció, dijo: Para ellos una
luz se levantó» (San Juan Crisóstomo [c.347-407]. Homilía 14, sobre Mateo).

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