lunes, 12 de enero de 2026

Evangelio del 13 de enero 2026 Marcos 1, 21-28



En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: "¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Jesús le ordenó: "¡Cállate y sal de él!" El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen". Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

 

Reflexión

 

A diferencia de los escribas, que citaban tradiciones de otros, Jesús habla con una autoridad propia que nace de la coherencia y la verdad. La reflexión aquí es: ¿A qué voces le damos autoridad en nuestra vida? Jesús no solo informa, él transforma la realidad con lo que dice.

El texto muestra que el mal reconoce la santidad de Dios incluso antes que los hombres ("Sé quién eres: el Santo de Dios"). Sin embargo, Jesús no busca espectáculo; con un mandato simple —"¡Cállate y sal de él!"— demuestra que la luz siempre tiene el control sobre la oscuridad. Nos recuerda que no debemos temer, pues su palabra es liberadora.

El milagro ocurre en un lugar sagrado. Esto nos enseña que la fe no es solo rituales o lectura de textos, sino un encuentro vivo que debe romper las cadenas de lo que nos oprime (vicios, miedos, egoísmo).

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